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 Esta es una obra monumental dedicada a la educación. Es tal la fuerza docente del cuadro, que los críticos siempre han puesto de manifiesto la naturalidad humana de los personajes. Es decir, en ningún caso expresan superioridad, o religiosamente hablando, santidad. Es un momento familiar educativo.
Para su comprensión tendremos que tomar en consideración la pérdida de vitalidad expresiva del color. El pigmento ha oscurecido con el tiempo y la luz, hasta el punto de verse amordazado en su transmisión de la verdad. La escena está constituida por cinco elementos vivos: un padre, una madre, un hijo, un pajarito y un perro. Padre e hijo están en el centro de la escena. La ropa superior del varón debió ser azul añil- lo permanente- o violácea -lo espiritual-. Es un hombre de virtudes, expresadas en la acción educativa y en el virtuosismo del manto sobre sus piernas, en origen dorado -acción sublime- anaranjado -masculino-. Sin embargo la educación es un acto femenino por naturaleza; viene expresado en el repliegue vulvar que parte de su rodilla izquierda. Esa actitud educativa del padre es el mayor apoyo de la vida del niño, completamente apoyado sobre el manto paternal o amor de padre. A su vez, su mano derecha -masculina- lo acoge con protección amorosa, mientras que la izquierda -femenina- educa alineándose con el pliegue tan femenino. El niño es hijo inequívoco por cuanto lleva en su faja los colores de la indumentaria del padre. Lleva camisa blanca -pureza-del mismo colo que el pelo del perro. El perro está asociado con el niño. Este, con la mano izquierda lo indica y con la derecha protege al pajarito del perro. Le gustaría al perro comérselo! A la izquierda del cuadro está la madre, consciente de que se enseña más por lo que se hace y se ve que por lo que se dice.-aprendizaje visual, mimético-. Por eso está activa hilando con la rueca, que es un símbolo del trabajo. Lleva un chal menos claro -tierra- y un vestido originalmente rojo rubí-amor impersonal-. Su mirada expresa ternura -amor maternal- y está toda ella orientada a su hijo, quien lleva una mantilla del color del chal de su madre. Al costado de la madre está la canasta -trabajo hecho o pasado- al fondo la rueca -trabajo presente- detrás del padre el banco de carpintero -trabajo por hacer, futuro-. Toda la escena rezuma amor familiar. El acto elocuente es alegre por la sonrisa del niño. El perro, que en pintura representa al intelecto, mira al niño y levanta la pata derecha, queriendo alcanzar al pajarito. El pájaro simboliza lo liviano, lo pequeño que debe ser cuidado, lo que canta: el espíritu del niño. La escena narra uno de los grandes principios de la educación: con amor y dando el ejemplo ayudar al niño a que desarrolle un intelecto puro, blanco dócil y separado del niño, o sea, que no se identifique con él, ayudándolo para que este intelecto no devore la sensibilidad y espiritualidad natural e innata en el niño -el pajarito interior-. Esto es un reto que la educación, que siempre privilegió el intelecto, aun no ha superado. |